Soy muy partidario de la celebración de orgías. Se conoce gente muy interesante con la que después se puede tomar una copa (también antes, si el encuentro lo organiza un anfitrión con buen gusto y propenso a preliminares civilizados) o incluso descubrir nuevos contactos laborales con los que estrechar lazos.

Me gusta saber que en Bruselas no han renunciado a la celebración de orgías aunque las restricciones por la pandemia las prohíban. Los diplomáticos y eurodiputados que viven en su merecida «euroburbuja», como élites que son, no deben encorsetarse en las normas que imponen al pueblo llano, menos aún si se trata de restringir placeres carnales. Además, es sano que continúen estas prácticas sociales para probar la eficacia en una pandemia mundial de la prolífica competencia capitalista: ahora sabemos que en Bruselas hay una amplia oferta de grupos orgiásticos rivales que, a juzgar por la cantidad de sus componentes, gozan de éxito en el mercado.

Por eso, si por cualquier giro de la vida se acaba siendo europarlamentario en la capital de la Unión, es relevante conocer los protocolos de una orgía de etiqueta si no se quiere parecer un vulgar asiduo a «guarrichills» de baja estofa.

Personalmente considero que para ser un buen invitado a una orgía, las drogas que se quieran consumir (si está permitido), deben tomarse fuera de la vista de todos, preferiblemente en el baño o en la drug room habilitada para la ocasión; se evita así hacer incómodo el momento a aquellos que no consumen o dicen no consumir. Esto, por supuesto, cuando me refiero a cocaína o éxtasis, ya que el popper es tolerado y aceptado durante la práctica de las relaciones en grupo.

También se agradece que el invitado a una orgía comulgue en su vida pública con aquello que practica en la privada: favorece la fluidez de los encuentros y no te ves en la tesitura de plantearte que a lo mejor ese eurodiputado húngaro que te está manoseando el paquete mientras te come el cuello, hoy se volverá bien cenado a su casa pero mañana ordenará tu encarcelamiento por sodomita cuando aterrices en Budapest para investigar la independencia judicial de su país.

A ese tipo de invitados es mejor quitárselos de encima como los calcetines antes de unirse al primer cuarteto. Siempre y cuando la orgía no admita fetiches deportivos, en cuyo caso los calcetines altos de marca Adidas bien visible no solo son admisibles, sino requisito indispensable.

Por último, recomiendo que el invitado lleve consigo a la orgía los pequeños objetos que vayan a ser de uso personal tales como arneses o preservativos. El ejemplo de los condones es relevante, pues puede demostrar agradecimiento al anfitrión por la invitación si los dejamos en el bol junto al resto de preservativos de uso común para que los demás invitados también dispongan de ellos. Este acto, que debe hacerse cuando el organizador de la orgía pueda vernos claramente, se asemeja al detalle de la botella de vino tinto antes de una cena. Pero insisto: los pequeños objetos personales los lleva el mismo invitado.

Al parecer, de este último consejo estaba bien enterada Arrimadas cuando decidió llevar sus propias pinzas para la nariz a la orgía que Iglesias lleva meses deseando celebrar: la de los PGE. Casado y Abascal, más conservadores, directamente decidieron no acudir.

El problema radicaba en que los invitados a la orgía no eran de esos que defienden públicamente lo que practican en su vida íntima, pues entre muchos de ellos había supuestos demócratas que a la mínima oportunidad violan la Ley para imponer sus delirios xenófobos o te justifican los asesinatos de una banda terrorista, igual que supuestos defensores de la igualdad que disfrutan de un régimen económico privilegiado y diferente al del resto del país: PSOE, Unidas Podemos, EH Bildu, ERC, Más País, PRC, PNV y PDeCat.

Iglesias era el anfitrión en esa orgía donde los invitados se aplaudían entre ellos en una felación más larga de lo soportable mientras Sánchez, el que ponía la casa, miraba el espectáculo orgulloso sin percatarse de que Iglesias gozaba y a él le jodían.

Y como en toda orgía, había unos apartados a la derecha del hemiciclo por ser demasiado recatados, feos o de sanas prácticas sin drogas. Esos miraban como voyeurs a los que se jaleaban efusivos al acabar la faena, y constataban horrorizados que lo que de verdad se aplaudía en la cámara era la ruina de autónomos y la inversión en desigualdad con las cesiones al nacionalismo. 

Una orgía bisexual e interracial, muy de izquierda, con 188 participantes en plena pandemia que superaba con creces los 25 de la orgía del eurodiputado húngaro. Porque Iglesias trae de su partido la experiencia para encamarse con varias personas a la vez.

En cambio, los viciosos de a pie aún tendremos que conformarnos con orgías de 6 personas como máximo. Aprovecharemos las Navidades para aumentar el número a 10 bajo la excusa de cenas familiares, y llamaremos a los follamigos «personas con vinculación sentimental muy determinada» por recomendación del Ministerio de Sanidad para que la Policía no nos cierre el chiringuito.

Y si alguno necesitamos drogas para cerrar en alto la orgía, buscaremos nuevo camello ahora que han encerrado a Rafael Amargo.


¡Queremos quitar la publicidad!

PoliticAhora se financia con la publicidad. Pero queremos ofrecerte contenido como este sin anuncios tan molestos. Si necesitas comprar algo a través de Amazon, por favor haz clic en el anuncio que aparece debajo y procesa tu pedido (escríbenos en Twitter o Instagram y te explicamos cómo). Tu producto costará lo mismo pero a nosotros nos ayudas a seguir abiertos. ¡Gracias!

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor, deja tu comentario
Por favor, introduce tu nombre aquí